-A propósito del importante encuentro de mujeres de Risaralda en Santa Rosa.

Rosa es una líder comunitaria y comunal que conocí hace poco en un municipio de tradición liberal en Risaralda. Lleva más de veinte años participando en política, y cada año electoral, es buscada por todos los candidatos que tienen una aspiración. Mi objetivo, como lo ha sido cada vez que hablo con mujeres comunales, fue explorar el por qué a pesar de participar en política durante tantos años, no tenía interés en aspirar al concejo o alcaldía de su municipio. Ella, con un tono claro y concreto, respondió: “eso cuesta mucha plata y no me interesa quedar amarrada al cacique político”. Su respuesta fue una mezcla entre las barreras que impiden a las mujeres participar – los recursos financieros – y su poco interés de entrar en el juego politiquero tradicional en favor de los negocios del político de turno.

“Ellas no participan”, “Ellas no se le miden a ser candidatas”, dicen a viva voz los políticos que no quieren ceder espacios. Tan solo mencionar el deber de garantizar la presencia de mujeres en espacios de toma de decisión, les resulta ofensivo. Su displicencia, prevención y desconocimiento sobre las razones del por qué las mujeres no participan son un argumento más para entender la baja presencia de mujeres en entornos políticos hostiles y machistas como los partidos y movimientos políticos.

Y aún así, en esos entornos hostiles, aparecen mujeres que se atreven. Y entonces, esos mismos que decían que no había mujeres candidatas, acuden a la descalificación académica, profesional, política o personal. Estas últimas -las personales- poco utilizadas para calificar a los candidatos hombres, resultan teniendo más peso que la trayectoria, ética y capacidad profesional. De modo que así, van descartando mujeres por “bravas, gritonas, independientes o porque “no tienen opción”.

Al final, y aunque no lo reconozcan públicamente, lo que más les preocupa es “no tener el control” sobre ellas. Entre más preparadas, autónomas y empoderadas sean las mujeres que se atreven a alzar la mano y a decir “Yo quiero ser candidata”, mayor es la búsqueda de razones “absurdas” para justificar el apoyo a otro candidato hombre.

PD/ Aplica incluso para los partidos alternativos.

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