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La Corporación Universitaria de Santa Rosa de Cabal UNISARC, es quizás unas de las cinco universidades de carácter agropecuario más importantes del país. Recientemente la exrectora Elizabeth Villamil (Q.E.P.D), quien más tiempo estuvo al frente de la institución, falleció. Se fue dejando algunos críticos, pero también otros que en vida le aplaudieron su gestión.

No obstante, la universidad hoy está en crisis, con un limitado presupuesto, viviendo en mayor parte del salvavidas que le lanzó hace un par de años el gobernador Víctor Tamayo, mediante becas para estudiantes de la población menos favorecida de Risaralda. Pero esos recursos se agotan y no hay timonel al frente con capacidades para sacarla a flote. Esto, a pesar de contar con un buen equipo de profesionales a su servicio, destacados en el campo agropecuario a nivel regional, nacional e internacional; pero que están relegados.

La rectoría está en la interinidad. Y el consejo superior ha sido incapaz de saber qué hacer con la institución. Los jueces han fallado procesos jurídicos en su contra, confirmando en el tiempo que aunque con diferentes razones, al diputado Durguez Espinoza, al exconcejal Carlos Crosthwaite, y al sindicato minoritario, les asistía la razón. Y sólo basta ver algunos expedientes que ya no son reserva del sumario, para conocer que, por las instancias judiciales, han pasado asuntos tan exóticos para una institución académica, como la de abrir procesos disciplinarios cuyo sustento jurídico institucional incluía el tono de voz de los imputados durante su ejercicio profesional.

Pero lo que es peor, en casos más recientes, y como si se tratara de represalias para cuidar un club de amigos y no una universidad, le aparece suspendida la línea telefónica a la oficina de una vicerrectoría que está ocupando un cargo pretendido por quienes ya saben que la rectoría no está a su alcance. Y hay otras versiones más graves sobre el posible acceso a archivos de un directivo de la institución sin que medie previa aprobación, un caso que ameritaría la intervención de la fiscalía.

Pero hay más, y no tiene antecedentes, el campus universitario está cedido a los politiqueros de turno que hacen campaña desde la universidad. Tal es el caso del candidato al senado Alejandro Corrales, que aspira a reelegirse y al parecer se ha pedido esta cuota de representación y sin pudor alguno, promueve la burocracia de asesores provenientes de la costa, que están aterrizando desde la Fundación Primero Colombia, que pertenecen a su partido y son sus allegados. Ver video

Cabe preguntar, ante las dificultades económicas de la UNISARC ¿hay dinero para pagar asesores externos? ¿es legal y ético que un senador del gobierno, abiertamente esté promoviendo a sus amigotes políticos al interior de la universidad, máxime cuando también tiene amigos en la institucionalidad cafetera que a su vez hace parte del consejo superior? ¿existe una nómina paralela o pagos injustificados como la que se denunció recientemente en la universidad Sergio Arboleda? Por lo demás, no hay un sólo documento de la instancia directiva de la UNISARC aprobando vincularse a la campaña del senador Corrales, entonces ¿por qué se mueve en el campus y presenta a sus asesores en actos proselitistas?

¿Qué dice el Consejo Nacional Electoral, el Ministerio de Educación y el desteñido comité departamental de cafeteros en el que tiene incidencia el senador Corrales? ¿por qué quieren sacar a un vicerrector de su cargo sin cumplir los requisitos de ley y a sabiendas que en procedimientos similares ha perdido la universidad y le ha costado cientos de millones de pesos en demandas?

Propio de una corraleja es lo que está sucediendo entorno a la UNISARC, ¡sálvese quien pueda!. Encopetados sacristanes ya no cuidan los objetos guardados, sino que quieren poseerlos y saltar al altar. Quienes fungían en vida como la guardia pretoriana de la rectoría, ya parece la olvidaron; y les quedó grande resolver los problemas de los registros calificados, los indicios apuntan a que la “gestión actual” consiste en no perder una de las butacas directivas.   

Mientras tanto crecen los llamados al gobernador de Risaralda, quien es parte del Consejo Superior, para asumir la jefatura de la que careció su antecesor. Es su pueblo del que estamos hablando. Hay en Risaralda profesionales con sobrados y probados méritos para poner orden y parar la corraleja, desterrar a los politiqueros y abrir los libros. Mientras tanto, que las autoridades sigan actuando ante las peticiones y denuncias que continúa recibiendo, y que contrario a lo que creen los del puñado de votos, no las detendrá el politiquero de turno.

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